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9/11/13 Post By: Ramón Pastrano, WebMaster

Cine: ‘El Gallo’ ¡Horror que la sangre hiela!.


Armando Almánzar R. - Listín Diario

Que nos cuelguen del palo mayor si logran que nos expliquemos lo que vemos durante los 86 minutos de proyección en la sala 1 de Fine Arts.

Pasaron “El Gallo”, escrita y dirigida por Juan Fernández y, claro, vimos la sucesión de imágenes, el tal Gallo bajando de un avión esposado, luego de ser deportado de Estados Unidos, donde pasó 20 años preso tal vez por asesinato (algo se insinúa que puede hacer pensar tal cosa), le vemos ir al barrio donde vive una buena anciana madre de un chico que estaba preso junto con él y que, aparentemente, era su amante pero espichó, o sea, murió allí, preso.

Todo eso se entiende. Pero luego empiezan a pasar cosas en un colmado donde un tipo está todo el tiempo mal encarado y maltrata a la chica dueña del local.

Y empiezan a aparecer mujeres, travestis, lesbianas, prostitutas, transexuales, toda una fauna que conversa aquí y allá, y todo parece indicar que Fernández se propone un análisis de la vida en ese entorno degradado, pero las escenas brincan de un lado a otro, las “chicas” en la “bolita del mundo”, las chicas conversan con Gallo, Gaby, es maltratada por un cliente y, claro, frente al Gallo que la defiende valeroso, y Gaby está entonces enamorado del Gallo.

Pero mientras vemos un lugar donde hacen un “show” con travestis y se escuchan aplausos pero no vemos al público, y luego resulta que hay un niño que puede ser hijo de Gaby y que su padre maltrataba a su madre justo en el momento en que Gaby llega a la mansión del tal señor abusador con... ¿con quién creen?

Pues claro, con el Gallo, y hay tiros, y huyen y el Gallo ayuda a Gaby a escapar porque mientras tanto hay dos asesinados que matan por aquí y por allá, pero luego mueren y nadie sabe cómo después que el villano del colmado mata a una de las “chicas” sin que nunca sepamos la endiablada razón por lo que lo hizo...

Confesamos sin pudor alguno que varias veces estuvimos a punto de escapar raudos por la derecha, como decía el personaje de los dibujos animados (¿o era por la izquierda?), pero resistimos con valor porque teníamos que saber, como dice la guaracha, “¿en qué parará la cosa, caballero?”, y así llegamos al final, tan en babia como cuando entramos.

Bueno, es otra “película dominicana”, parte de un “cine dominicano” que da un pasito para adelante y dos pasitos para atrás, una “película” en la que la idea de edición, montaje o como le quieran decir a eso de concatenar tomas, escenas y secuencias para contar una historia es algo tan inexistente como la de actuar entre aquel amasijo de personajes sin sentido, sin ton ni son, sin razón y sin valor.

Aunque, quién sabe, si Champollion descifró la indescifrable “Piedra de Roseta”, en Egipto, a lo mejor aparece un Champolón que nos descifra este asunto para beneficio de los amantes del cine.

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